
En primer lugar, más que ser un país en el que se legitiman estas prácticas, Chile es un país en el que se legalizan las instancias que permiten estas prácticas, como es el caso de las intocables isapres y sus perversos acólitos (en última instancia, este sería el estado). Ahora bien, este tema va mucho más allá de las posibles problemáticas de discriminación y género, este es en primer lugar un problema de poder, pues no es ninguna novedad que en este país existan actores que bien pueden ser empresas o personas que gracias a su nivel de poder e influencia tienen al país asido por el mango logrando con ello manejar las leyes a su conveniencia, de aquí se entiende porque las isapres se ven tan sospechosamente favorecidas por una ley que pareciera de alguna forma dejar de lado a la mujer, y que por lo mismo, al ser este trato completamente legal, las instancias disponibles para la defensa de los derechos de la mujer se ven dificultadas para alcanzar su objetivo por esta vía.
Pero las isapres no son el único obstáculo para superar la brecha social que separa a hombres y mujeres, existen también las empresas que fomentan un trato discriminado entre ellos (lo que no es malo) pero que apuntan a restringir sus libertades dentro de la empresa, libertades que van desde la posibilidad de ascender con mayor rapidez, a poder equiparar cómodamente maternidad y trabajo. Nuevamente nos encontramos con el problema de que muchos de estos impedimentos son avalados plenamente por la ley chilena.
Hasta este punto se han visto los abusos que el estado permite que las empresas realicen con impunidad, pero no vamos a entender con ello que el estado está en condiciones de lavarse las manos y cargarle el muerto a las isapres y a los empresarios, pues sí está involucrado directamente en otras formas de trato desigual como son las diferencias en la jubilación, los servicios ciudadanos, entre otros.
En la médula de todos los problemas mencionados podemos hallar una forma de ver a la mujer muy marcada por una repartición de roles vertical entre ambos sexos, en la que ser hombre pareciera ser más difícil y por ello ser más legítimo a la hora de dar explicaciones de porque es mejor que uno gane más y escudándose rápidamente en la frase de que ambos valen lo mismo como si aquello significase algo, o como si con decirlo se convirtiese en realidad tal que fuese un abracadabra.
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